Mujeres, dulce y tradición

MATILDE SÁNCHEZ, en ´Las Once de Siempre´,

Por Neisy Bolaños Muñoz* Periodista

En la enorme tradición de dulces y postres en Zipaquirá, la mujer hace parte constructiva, pensante, propositiva y activa del municipio. Y así se comprueba en ‘Las Once de Siempre’, que como lo expresa su lema ‘Siglo y medio de tradición’, lleva ateniendo a la clientela cerca de 170 años. Un lugar ameno donde pueden disfrutar de unas onces y todo tipo de aperitivo, deleitarse con música y su agradable sabor y color con solo entrar.

El salón fue fundado en 1850 por Belarmina de Gaitán, quien le enseñó este arte a su ahijada María Lindo. Luego pasó a manos de su sobrina Matilde Pinilla, hija de Víctor Pinilla y Leticia Lindo. María Lindo se llevó de pocos años a Matilde Pinilla y le enseñó el quehacer de ‘Las Once de Siempre’, y fue así como la madre llevó desde pequeña a Matilde Sánchez, quien hoy tiene en sus manos este negocio que ama sobre manera. “A mí no me enseñaban a tender las camas y eso, sino a hacer las mantecadas”, sostiene.

Inicialmente el negocio estaba ubicado en la Calle 5ª N° 169 de Zipaquirá. Allí inició la magia de los postres y dulces únicos, donde se recibía clientela de todas partes. Hoy está situado en la carrera 12 N° 6-30, donde llevan 25 años. El sitio se ha convertido en punto de encuentro de viejos y nuevos zipaquireños. Más aún, por su gran sabor dichos postres han llegado hasta Arabia.

Las mujeres

Todas ellas se encargaron de endulzar a Zipaquirá y hacerlo un lugar único por sus deliciosos dulces típicos, diferentes e innovadores. Matilde Sánchez cuenta que años atrás los padrinos adoptaban a los hijos cuando sus padres fallecían y fue así como María Lindo hizo parte de la familia. Ella era conocida como ‘Lindo, Linda’ por su belleza, y además fue novia del maestro Guillermo Quevedo Zornosa, quien le compuso la canción Amapola. “Por esas épocas, como novios, se veían todos los jueves durante una hora acompañados de la madrina”, comenta la señora Matilde. María Lindo destacaba también por sus conocimientos empíricos de medicina, con lo que ayudó a mucha gente.

“Yo siempre he sido revolucionaria”, asevera Matilde, y agrega que se siente inconforme con muchas cosas de la sociedad. Su revolución, asegura, es guiar a las personas, enseñar y leer lo que alimenta la sabiduría. Además de ser la dueña de “Las Once de Siempre”, es una mujer fascinada por la esencia esotérica que transfiere a su postre de natas; le gusta nadar y viajar, la India es su destino predilecto para conocer, y la lectura es su mejor compañera.

El legado continúa, su hijo es quien ahora aprende y acompaña s su madre en el día a día del lugar, caracterizado por su autenticidad, sus postres a base de fruta y la no utilización de ningún tipo de colorante ni saborizante, sino apenas lo esencial: un poco de azúcar para preservarlos.

Matilde Sánchez es la muestra de una vida entera que ha endulzado a la comunidad de Sabana Centro desde Zipaquirá, no solo con sus postres y dulces, sino también con su amabilidad.

*neisy.bolanos@elobservador.co