La tensión alta

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Por Gustavo Álvarez Giraldo*

Hipertensión arterial es el nombre que se da a la enfermedad que tiene una persona cuando tiene la presión alta. En ella, el corazón debe realizar un gran esfuerzo para impulsar la sangre a través de todo el organismo y, a su vez, esta fuerza aplicada a los vasos sanguíneos termina dañándolos -algunas veces induciendo su ruptura- y afectando de manera irreversible el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos del cuerpo o provocando hemorragias que pueden llegar a ser fatales.

Es una enfermedad muy frecuente que por desgracia no da muchos síntomas y que trae varias complicaciones como los infartos al corazón, los derrames cerebrales, daños al riñón y a otros órganos que pueden conducir a la invalidez o a la muerte. El objetivo del tratamiento es tratar de evitar que estas complicaciones ocurran y el paciente pueda llevar una vida normal.

Existen algunas circunstancias que predisponen al desarrollo de la enfermedad, sobre todo en personas mayores de 35 años. Entre las más importantes tenemos el consumo excesivo de sal en los alimentos, el sobrepeso, no hacer ejercicio y fumar. También se ha visto que esta enfermedad pasa de padres a algunos de los hijos y que los pacientes afrodescendientes tienen una mayor predisposición a sufrirla.

Aunque muchas personas saben o creen saber tomar la presión arterial, es muy importante que esta determinación sea realizada por el médico, pues los valores encontrados se encuentran en relación con el grado de riesgo de desarrollar las complicaciones señaladas y cada uno de ellos requiere de un tratamiento particular. En un gran número de enfermos, la causa de esta enfermedad no se puede identificar.

El diagnóstico de hipertensión arterial, como lo mencionamos, debe ser realizado por el médico y comprende no solo un interrogatorio acerca de factores hereditarios, hábitos y costumbres, sino un examen completo de los sentidos, especialmente los ojos (pues la retina se ve afectada por esta enfermedad), el corazón que se ve sometido a una gran exigencia cuando existe esta enfermedad y puede llegar a fallar o a sufrir un infarto, el riñón, cuyo funcionamiento defectuoso puede conducir a hipertensión o, a la inversa, la hipertensión puede llegar a dañarlo de manera irreversible, y el cerebro, que puede sufrir los efectos de la hipertensión en forma de daño intempestivo (derrame cerebral) o progresivo (cambios mentales e invalidez).

La toma de la presión arterial realizada por el médico debe cumplir con unas condiciones que han sido determinadas por amplios estudios en miles de personas. La cifra encontrada determina, como ya lo expresamos arriba, la necesidad y tipo de tratamiento que requiere cada caso. Es importante anotar que esta enfermedad no se cura y que la prevención, manteniendo una actividad física regular, evitar el subir de peso, no fumar y tener una dieta sana resultan mucho más efectivos para evitar su aparición y complicaciones.

El tratamiento del paciente hipertenso comprende dos aspectos muy importantes. El primero va dirigido a adoptar una rutina de vida saludable, especialmente alcanzando el peso ideal lo que en muchas ocasiones demanda del paciente la voluntad de adoptar una dieta balanceada para toda su vida y modificar sus hábitos.

Por otra parte, está el tratamiento farmacológico (con medicamentos), que debe ser prescrito por el médico quien evalúa no solo los cambios en las cifras de presión arterial, sino que busca detectar de manera precoz la aparición de complicaciones. Es muy importante que el paciente entienda que cuando asiste a control, lo hace principalmente para evaluar el efecto benéfico del medicamento y no debe suspenderlo para ir a control, pensando que esto (interrumpir la medicación) dirá al médico si la presión alta se curó o no.

De manera periódica, de acuerdo a la gravedad del caso, el médico solicitará exámenes como el electrocardiograma, una radiografía de tórax, una determinación de azúcar en sangre para descartar diabetes (que con mucha frecuencia se acompaña de hipertensión arterial), niveles de colesterol y triglicéridos y pruebas de la función del riñón. Todas estas actividades le permiten al paciente disfrutar de una expectativa de vida mucho mejor que la que tenía antes de que se le diagnosticara la enfermedad.

Hasta la próxima. Les deseo una vida sana.

*gustavoalvarezgiraldo@gmail.com