Un referente para la recuperación de la memoria y la denuncia de los crímenes de Estado

 Las Madres de Soacha: 

Un referente para la recuperación de la memoria y la denuncia de los crímenes de Estado 

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Cecilia Arenas, hermana de Mario Alexander Arenas Garzón, una de las víctimas de los mal llamados Falsos Positivos, habla acerca del desarrollo del caso ante la justicia, el proceso de Las Madres de Soacha y su posición sobre el proceso de paz en la Habana. 

Conocí a Cecilia Arenas el 21 de septiembre de 2014, en medio de un acto solemne que se lleva a cabo cada año en la Plaza de Bolívar. Ella, vestida de impecable blanco y con la mirada fija hacia un punto invisible, sostenía, con una mano, el afiche del rostro imborrable de su hermano Mario Alexander Arenas Garzón y, con la otra, la firme convicción de que el país conozca la verdadera historia de la desaparición y el asesinato de 14 jóvenes que, víctimas de un engaño, un día salieron de sus casas para nunca más regresar, convirtiéndose así en los dados de baja de una guerra en la que nunca creyeron. Ellos fueron entregados, a cambio de $200.000, por sujetos como Alexander Carretero, a la Brigada 30 y al Batallón Santander. 

Adriana Rincón: ¿Cómo se ha desarrollado el proceso de Mario Alexander Arenas Garzón ante la justicia? 

Cecilia Arenas: El 21 de febrero se cumplirán ocho años desde el asesinato de mi hermano, de los cuales siete han transcurrido con la más absoluta impunidad. El caso permaneció estancado en la Justicia Penal Militar. El juicio duró aproximadamente un año, concluyendo el 27 de agosto de 2015 con la confesión de los militares. El Fiscal dice que, a pesar de los altibajos, fue uno de los casos que más rápido ha terminado, precisamente por porque los militares confesaron su culpa.  

A.R.: ¿Se siente satisfecha con los resultados del proceso penal? 

C.A.: No. Veo mucha impunidad en el crimen de mi hermano. Por un lado, tenemos entendido que fueron cuatro los militares que confesaron el haber participado del suceso, pero solo tres fueron condenados porque a uno lo declararon impedido mentalmente. lo paradójico es que este soldado murió hace poco en un atentado, es decir que continuaba activo. Yo le he preguntado al Fiscal: si este era una persona loca, ¿qué hacía en combate?, ¿a qué estamos jugando? Sin embargo, el caso ya quedo así.  

Por otro lado, ahora empezamos la imputación de cargos a uno de los militares de alto rango. Esto es lo que realmente queremos lograr las Madres de Soacha: que se haga justicia. En casos como este sabemos, por las declaraciones de los procesados, que, si bien ellos estuvieron presentes, los militares de alto rango fueron quienes dispararon las armas. 

Y ahora, como si fuera poco, el Senador Uribe afirmó, recientemente, que los dichos sujetos confesaron por obligación. Esto es una ofensa. Pienso que si los militares declararon, fue porque el remordimiento que tenían en la consciencia.  

A.R.: ¿Hubo reducción de penas para los militares gracias a la confesión? 

C.A.: Sí, es algo indignante. Se pidió una pena inicial de 35 años, pero luego solicitamos 50 años. Sin embargo, se ofrecen rebajas de pena por confesión, trabajo, estudio y buen comportamiento. En este caso, ellos confesaron, trabajaron, estudiaron y han tenido buen comportamiento, entonces, ¿cuál es la condena? El Fiscal dice que será más o menos de un año o un año y medio, que pagan en la comodidad de su guarnición militar. 

 A.R.: ¿Cómo fueron las audiencias? 

C.A.: Algo muy triste para mí fue no haber podido asistir a las audiencias, porque, para beneficio de los militares, se realizaron en Arauca y yo no contaba con los $300.000 que necesitaba para estar viajando constantemente. Además mi esposo es un enfermo terminal y no puedo dejarlo solo. Debía conformarme con lo que me decían los abogados que me mantenían al tanto de lo que pasaba en cada juicio. Sentí que la vida me dio un correazo muy duro, pero lo acepto humildemente porque más no puedo hacer. 

A.R.: ¿Cómo ha sido el proceso de Las Madres de Soacha? ¿Qué las motivó a organizarse? 

C.A.: Nosotras nos conocimos, por causalidad, cuando llegamos a pedir ayuda para traer a nuestros hijos, que habían sido asesinados en otra parte del país. Desde entonces empezamos a identificarnos como las Madres de Soacha y siempre hemos estado unidas. Hay personas que nos dicen que no usemos el término “Falsos positivos” porque no suena bonito, pero nosotras no queremos que suene bonito. Lo que nosotras pretendemos es que la gente vea las cosas como son, que las llame por su nombre. “Si el ají es ají, ají será”. Somos trece madres que trabajamos construyendo memoria. Hemos realizado talleres de derechos humanos. Aquí, en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación hemos recibido un apoyo grandísimo, logrando exponer los casos, divulgando el reconocimiento que recibimos como pedagogas de la memoria en universidades, colegios y parques. Donde quiera que nos llamen, una Madre de Soacha estará allí, porque esa es nuestra misión: queremos que todo el mundo conozca la verdad, qué fue lo que en realidad les hicieron a nuestros hijos.  

A.R.: ¿Cuál es la importancia de replicar estos mensajes? 

C.A.: ¿Por qué damos tanta lora? Para que no se repita lo sucedido, esa es la misión de las Madres de Soacha. El dolor de perder un hijo es tan grande que nosotras no queremos que nadie más lo sufra. No queremos ver niños que perdieron a sus padres, padres sin hijos o hermanos a quienes confiarles sus secretos, porque ya no están, porque les fueron arrebatados injustamente. Esa es nuestra lucha. Nosotras sabemos que hay más de 5.700 casos de falsos positivos impunes. Queremos que salgan a la luz todos los casos; que ya no haya miedo de hablar. 

A.R.: ¿Cuál es la posición de Las Madres de Soacha, frente al proceso de paz que se adelanta en La Habana? 

C.A.: Nosotras sabemos que en La Habana se está negociando algo totalmente opuesto a lo que nos representa. Allá no se habla de falsos positivos, desplazados o desmovilizados. Ellos piensan que con la reparación van a tapar todo. Además, la sociedad no está preparada para el perdón: qué va a hacer un reinsertado que sale de la cárcel. 

A.R.: ¿Cómo podemos hablar de perdón sin impunidad y garantía de no repetición? 

C.A.: Mire, si no hay justicia, no hay perdón. Si no hay perdón, no hay reconciliación. No hay paz, si no hay justicia. Ese es el punto clave y con eso le digo todo. 

A.R.: Como Madre de Soacha, ¿Qué puntos fundamentales deberían ser tenidos en cuenta para estas negociaciones?  

C.A.: Me parece importante que haya más mujeres en las negociaciones, pero mujeres echadas pa‘lante, que no se dejen mover como títeres, que expongan casos que están en la impunidad.  Por ejemplo, ¿por qué no mandan a una madre a hablar solamente de los falsos positivo? ¡No! porque allá no hay espacio para hablar de eso. ¿Por qué no mandan a una madre a la que la guerrilla le haya quitado a sus hijos y los haya llevado al monte? Y, aún más, ¿por qué no les preguntan a esas personas por qué estaban en el monte? Es que no es solo condenarlos diciendo “¡usted estaba en el monte y usted mató!”. Esas acciones tienen una razón. ¿Por qué se fue?, ¿por falta de oportunidades?, ¿por qué el campesino es desplazado?, ¿acaso porque ya no hay tierra ni semillas?, ¿por qué no hay lugar en las mesas de negociaciones para ellos? Esos que están hacinados en una pieza con temor de salir a la esquina porque no conocen la capital. Y ellos dicen “Ah ¡Porque el campesino no es estudiado y no sabe hablar!” ¿Dónde está la igualdad? Todos los que están en la Habana son unas marionetas. Se lo digo porque Marina Bernal, una madre de Soacha esta allá y no puede hablar. Tiene que ceñirse a lo que le entregan y exponerlo en cinco minutos. Mire, para mí no hay proceso de paz, no puedo evitar preguntarme, ¿quién se rindió?, ¿se rindió el gobierno, la guerrilla o el pueblo?  

A.R.: Para terminar, ¿qué tiene para decirle a todas las mujeres, madres, hijas y esposas  que han sido víctimas de estas ejecuciones extra judiciales? 

Yo les diría que nosotras, como madres, somos las que mejor sabemos lo que es el dolor. Si matan o hacen daño a nuestros hijos, esos que tuvimos nueve meses en el vientre, a nosotras se nos acaba el mundo. Entonces, ¿por qué tener miedo? ¡No! No tengamos miedo, sino berraquera. Porque, para poder hablar, denunciar y aconsejar, es necesario haber sido madre. 

Por Adriana Rincón Forero 

Periodista* 

Adriana.rincon@elobservador.co