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La cultura de lo rápido

Edward Johnn Silva Giraldo. Psicólogo.

El concepto de rendimiento ha impregnado la cotidianidad. Ser productivo es la consigna que orienta las relaciones familiares, laborales y educativas. Todo se realiza corriendo.

Dialogar, abrazar, comer, trabajar y estudiar se hacen con la mayor rapidez. Por ejemplo, se almuerza mientras se trabaja y se sintoniza música sin escuchar la letra de las canciones.

El diálogo, el intercambio y la conversación amena, es sustituida por la pantalla del televisor, el celular y la computadora. Siempre se está conectado digitalmente, pero no se experimenta el calor humano que ofrece el encuentro.

El excesivo interés en el espectáculo y el escándalo traslada la atención a la farándula, opacando las reflexiones que estimulan el pensamiento crítico, pues las conversaciones se reducen a la repetición de noticias que son tendencia, e imponen un npensamiento único.

La información se consume como un plato de comida sin sabotear. Las redes sociales se revisan permanentemente para estar al día, pero dichas imágenes y noticias se consumen sin digerir.

Cada instante aparecen nuevas noticias, dejando en el olvido sucesos relevantes. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, señala que a través de los medios digitales se obtiene información que permite estar enterado de todo, sin embargo, a pesar de contar con este mar de información, no se adquiere ningún conocimiento, ya que durante el día hay atracones de titulares que circulan a gran velocidad.

¿Será que es necesario aprender a saborear los alimentos, sentir la caricia, valorar la amistad y recuperar la capacidad de asombro, para no convertirnos en máquinas que solo respondemos a las exigencias de la producción?




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