Padres en conflicto, hijos en aprietos

Por Edward Johnn Silva Giraldo*

Psicólogo

No cabe duda de que cuando las parejas se indisponen por sus conflictos conyugales y llevan esta lucha al campo de los hijos, prevalecen los patrones rígidos de interacción como la división y la rivalidad. Esta situación naturalmente conduce al desacuerdo de los padres en la crianza y la educación de los hijos; entonces se establecen relaciones polarizadas y surge la desacreditación mutua en la cotidianidad familiar.

 

De este modo, en mi experiencia como psicólogo y terapeuta familiar, he observado diferentes funciones que desempeñan los hijos en la dinámica conflictiva de sus padres. A continuación expongo en 8 puntos el sentir que expresan los hijos en la consulta al encontrarse en medio de las disputas.

 

  1. Hijos presionados: hace alusión al pedido de exigencia que reciben los hijos por parte de los adultos para que suministre información de la vida privada de papá o de mamá.

 

  1. Hijos atrapados: tiene que ver con la participación de los hijos como testigos y mensajeros, encargados de transmitir mensajes a sus padres porque entre ellos no se hablan.

 

  1. Hijos enfrentados: se entiende como el papel que asumen los hijos de reclamar y desafiar a uno o ambos padres.

 

  1. Hijos fuertes: hace referencia a los hijos que se encargan de cuidar a papá o a mamá, teniendo que aplazar las actividades correspondientes al ciclo vital de desarrollo.

 

  1. Hijos confundidos: se explica como el nivel de exigencia que cada padre le hace a los hijos en temas académicos y actividades extracurriculares, de manera contradictoria y no complementaria.

 

  1. Hijos ignorados: se relaciona con el reiterado enfrentamiento de los padres, sin medirse en las acciones ni percatarse de que los hijos están presentes.

 

  1. Hijos asustados: se asocia a las continuas y múltiples amenazas de hacerse daño entre los padres, que generan preocupación en los hijos.

 

  1. Hijos por fuera: se refiere a la delegación del papel parental que los padres asignan a otras personas e instancias, al sentirse desbordados por el comportamiento de los hijos.

 

Foto de edukame.com

Foto de edukame.com

 

También debo señalar la importancia de separar la historia negativa de esposos de la historia de padres, para no involucrar a los hijos en asuntos de adultos y dirigir el foco de atención a estimular el trabajo de los padres en equipo, a pesar de los conflictos actuales o del pasado.

 

En conclusión, los padres no pueden caer en los juegos de la culpa y el déficit. Juzgarse es girar en el círculo vicioso e improductivo. Más bien, es útil indagar apreciativamente sus cualidades y fortalezas para generar mensajes y prácticas de estima y estímulo que favorezcan la corresponsabilidad y el bienestar de los hijos. Es desde esta perspectiva que se fomentan las relaciones positivas y se evita que los hijos formen parte de un conflicto desgastante y sin sentido.




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