Ambientes en la familia

La familia es el escenario donde todas las personas vivimos las experiencias de sentirnos queridos, escuchados, valorados, reconocidos y aceptados. Es la primera escuela que enseña a construir el sentido de pertenencia, autonomía, responsabilidad y colaboración. Allí se ponen a prueba la capacidad para negociar, establecer acuerdos y afrontar los diferentes momentos de tensión.

 

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La familia suele encontrarse con fuertes vientos que alteran su dinámica. Pero esta naturalmente es capaz de desarrollar los recursos para superar las adversidades transitorias y el mal tiempo. Cada familia tiene un ritmo particular para avanzar. Por ejemplo, algunas sienten que están frenadas y congeladas en el tiempo y otras que van muy aceleradas hasta el punto de perder el norte. Sin embargo, durante el camino logran moverse en la dirección asertiva para hacer ajustes, adaptarse a las diferentes circunstancias y realizar cambios según el ciclo vital. Por eso, es fundamental el equilibrio y la flexibilidad para saber actuar en las distintas condiciones climatológicas.

A continuación se mencionan las siguientes metáforas:

A. Parcialmente nublado: cuando hay preocupación se corre el riesgo de dejarse contagiar por el aburrimiento o el desespero y centrarse en un pasado de frustraciones, un presente insoportable y un futuro poco prometedor. En este caso, es importante experimentar nuevos ángulos de visión para cambiar de perspectiva y ampliar las posibilidades de actuar con un plan de acción deseable, realista y alcanzable.

B. Fuertes lluvias: la combinación de continuas críticas, alta exigencia y poca valoración sin duda generan un ambiente pesado. No vale la pena estar goteando con más de lo mismo, ni echar leña al fuego. Es útil revisar la imagen negativa que se ha construido de un ser querido y modificarla a través de la exploración y el reconocimiento de sus capacidades.

C. Paso restringido: el hogar es un espacio que brinda protección y seguridad. No se puede convertir en un territorio minado que trasmita miedo, amenaza y encierre en una concha de rencor a sus miembros. Es necesario fomentar una cultura familiar que haga más énfasis en componer que en oponer, para convertir las barreras que separan en puentes que conectan.

D. Tormentas: hay situaciones imprevistas que pueden sacar a cualquiera de casilla y sin duda generar enfado. Es algo legítimo. Pero lo que no es aceptable es pegar a alguien por estar enfadado. No es recomendable responder al conflicto con más conflicto. Es mejor reconocer la chispa antes de la llama y generar comportamientos nuevos y más adecuados.

E. Despejado y Soleado: todos estamos invitados a expresar las emociones sin hacer daño y transitar de manera favorable por la vida en busca de los proyectos vitales. Se trata de aprender a gestionar las emociones y no dejarse gobernar por ellas en los momentos de bajas temperaturas e intenso calor.

En síntesis, las familias pueden generar atmósferas de bienestar para prevenir las diferentes modalidades de violencia y promover el buen trato. Pero es necesario brindar herramientas de inteligencia emocional a los adultos para resolver los conflictos de forma eficaz y transmitir el valor de la tolerancia. Así mismo, es importante fortalecer las redes protectoras que fomenten un clima que favorezca la comprensión, el estímulo y el apoyo a los niños, niñas y adolescentes. ¡Es con pequeños pasos que se consiguen grandes avances!