Operación: salvando vidas.

 

Se requirió convertir la solidaridad en una ley para preservar la vida humana, hecho que ha dado resultados favorables en Colombia, donde la donación de órganos aumentó en un 21% gracias a que ahora toda persona fallecida es una potencial donante.

Por: Sandra Milena Arévalo.

Colombia se está desangrando por causa de múltiples males como la corrupción, la polarización o, el mayor de todos, la indiferencia de muchos de sus ciudadanos. Esta nación necesita urgente un trasplante de corazón al igual que los más de 2.488 pacientes en lista de espera para donaciones de órganos y tejidos vitales.

La tasa de donantes, en este país, es de 7.2 por millón de habitantes, mientras que en Latinoamérica esta cifra es de 23 personas por cada millón de habitantes. Con la Ley 1805 de 2016, la cual decreta obligatoria donación de órganos y tejidos después del fallecimiento de una persona -salvo si ella deja explícito en vida su negativa para realizar esta acción-, se ha registrado un incremento de 21% en las donaciones de órganos en el último año, ya que se pasó de 1.068 trasplantes en 2016 a 1.287 en 2018, según el Instituto Nacional de Salud (INS). No se puede ser egoísta cuando de salvar una vida se trata, puesto que gracias a un donante se alcanzan a beneficiar 55 personas.

Alguna apatía de la población

El panorama de la situación se presenta alentador, ya que las cifras dan cuenta de un incremento en la misión de salvar vidas. Sin embargo, hay que reconocer la actitud apática que aún tiene la población colombiana con respecto a este tema, tal vez por la falta de información, de diálogos familiares o de reflexión personal. Con lo anterior, no se pretende decir que los individuos no tengan la libertad para decidir sobre sus propios cuerpos en vida o después de su muerte. Lo que aquí se pide es pensar en cómo con nuestras vidas y actos podemos contribuir con otras personas que nos necesitan. Es preciso aclarar que todos los fallecidos no resultan donantes directos, por ejemplo, de 1.692 difuntos solo 441 son donantes reales. Además, el INS informó que 856 ciudadanos dejaron en claro su no aceptación de donar sus órganos después de morir. De igual forma, la ley mencionada contempla los casos en los que hay excepciones por la edad u otros aspectos.

El Ministerio de Salud y Protección Social creó “La Red de Donación y Trasplantes”, como entidad reguladora de los procedimientos para las donaciones de órganos y tejidos, esta es la encargada de recibir las solicitudes y avalar la realización de las intervenciones quirúrgicas autorizadas en las más de 118 instituciones médicas certificadas para dichas intervenciones, como en el caso del Hospital Universitario Méderi de la ciudad de Bogotá, líder en trasplante de riñón.

La lista de órganos con mayor demanda empieza, precisamente, por riñón, seguido de corazón; en tercer lugar, los pulmones, la córnea, y en quinto lugar la piel. Muchas

personas han visto en agonía que se les escapa la vida por falta de una segunda oportunidad, por falta de un “segundo repuesto”, mientras que otras ven pasar sus vidas consumidas en el orgullo, el miedo o el individualismo.

Lo ideal

Medellín es una ciudad que se ha caracterizado por tener espíritu solidario y generoso, fue allí donde en 2015 se presentó un caso de donación voluntaria por parte de Mauricio Saldarriaga, un joven empresario exitoso, que tras sufrir un grave accidente de tránsito luego del cual murió, dejó estipulada su intención de contribuir con la prolongación de otra vida. Aunque en ese momento no regía la Ley 1805, su esposa transmitió la aprobación debido a que ellos ya habían hablado del tema en vida. Este caso fue tomado como ejemplo y la W Radio lo publicó para motivar a la ciudadanía.

Estamos acostumbrados a -como se dice coloquialmente- “ver los toros desde la barrera”, no somos conscientes de que la vida es un guion de película que sorprende en cada escena. Poner nuestras vidas en función de los demás es el ideal de nuestra existencia.

Ojalá a nuestro país Colombia se le pudiese realizar una transfusión de sangre, en la que se le inyecten nuevas formas de pensar y nuevos objetivos que involucren a la colectividad.