Mi amado árbol.

Por: María Gloria RODRÍGUEZ

El viejo árbol del parque central de Cajicá es un caucho sabanero. Qué lindo, lo veo con frecuencia, lo disfruto, y le pregunto: ¿Cuántos años tienes? ¿Cuánta historia hay en tus gajos y en tus hojas? ¿Cuánta humanidad te conoces? La respuesta es mucha gente te ha visto te conoce, de ha saludado, te admira. Eres un símbolo de mi pueblo, sí de este pueblo de muiscas, del pueblo de CAXI. Adultos y niños juegan contigo. Suben y bajan, por tus troncos y tus ramas, acampan del sol, de la lluvia y hasta del frío.

Los caballos de los soldados en tiempos del Libertador, burros, vacas, cabras, chivos y perros, bajo tus frondosas ramas se han cubierto del sol ardiente de estos campos. En muchos de tus gajos las aves hacen sus nidos y nacen sus hijos polluelos, que el destino afina para seguir su vuelo por el mundo de la vida.

En aquellos tiempos bonitos de mi pueblo, los campesinos que bajaban de sus parcelas, acostumbraban a amarrar las bestias a este caucho sabanero ubica- do en la plaza principal, hoy día centro del pueblo cajiqueño. Todos, pueblerinos, campesinos, visitantes de otros territorios llegaban para asistir a la misa dominical y luego se echaban una chicha o un guarapo, almorzaban, saludaban a sus conocidos, parientes y amigos, y finalmente hacían sus compras que cargaban a las bestias para retornar a sus casas, al atardecer de ese domingo de alegría.

¿Qué borracho no durmió recostado en tu tronco? Hasta los perritos dormían bajo tus ramas en las noches de frío y lluvia. Tú estabas ahí para cubrirlos hasta que llegara el otro día. Tú, siempre en el centro del parque principal hasta el día de hoy.

El progreso llegó y se hicieron las calles y los jardines alrededor tuyo, se construyó la capilla, el hospital, la alcaldía del gobierno municipal, fueron apareciendo tiendas, muchas tiendas, negocios comercios, hasta tener la plaza rodeada de eso, que hoy todos conocemos. En aquella época vendían productos del campo que los mismos campesinos traían, y con alegría en sus rostros ofrecían en venta a propios y a extraños.

Por eso árbol mío, árbol de todos, por eso te queremos, eras, eres, y seguirás siendo el testigo principal de todas las alegrías y tristezas de quienes transitamos a tu lado. Todos te miran y dicen: ‘Qué hermoso árbol… tan grande y frondoso…” No pasas inadvertido para nadie. ¡Hasta el día de hoy sigues en esa esquina del parque principal…! ¡Hermoso! dicen los turistas. Y eso decimos todos para que nos oigas, para que compensemos en algo tu silencio, tanto los propios como lo de quienes llegan en tren desde la capital y también desde otros países con sus cámaras modernas… Tú estás en muchas fotos con ellos, y estás en escritos precioso, mejor que el mío, que hoy te entrego. “Mi árbol del pueblo, ¡qué hermoso eres¡¡Gracias por brindarme tu hermosura! ¡Te amo!

(Gracias a Fortaleza Literaria, a EL OBSERVADOR por publicar, al maestro Carlos Luis Santos por enseñar). Taller Literario

En esta sección, nos alienta la divulgación de los textos de los centros de tertulias o talleres literarios de Sabana Centro. Usted también puede enviarnos un trabajo similar que se realice en su barrio, vereda, empresa o entidad educativa. ¡Qué bueno! ¡En esta sección lo publicaremos! A continuación, un par de textos del Taller Fortaleza Literaria de Cajicá (1).

Contacto: 310 345 2761.

(1)Nota del editor: El contenido de esta página, en términos gramaticales, es responsabilidad del Taller Fortaleza Literaria. EL OBSERVADOR solo edita su extensión y aporta el trabajo de cuidado de la ortografía y los signos de puntuación.




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