ALBERTO BENAVIDES: ARTISTA Y PUNTO.

 

 

Por: Liliana Castillo Neira  

 

Alberto Benavides Jamaica, pintor que plasma en sus lienzos la sublimidad de lo divino y  la complejidad de lo terrenal; ha migrado del primitivismo al puntillismo sin olvidar el dulce encanto de la abstracción. Tras varios años sin exponer su obra, regresa al escenario cultural, esta vez, en la Sabana de Bogotá. 

A mi mamá le tocó muy duro, le tocó batallar solita, a mí me faltó mi papá desde pequeño; alcanzó a ver los dotes que yo tenía”. Pero su madre, aquella que crio al maestro Benavides Jamaica, sí tuvo la oportunidad de alentarle y dejarle hacer lo que el más quería: pintar. Con nostalgia, el maestro relata esta y otras historias, de pie frente a uno de sus cuadros predilectos “Samuel y la naturaleza”. La sonrisa del modelo, su nieto más pequeño parece rodearlo de un aura especial.

Con esta remembranza empezamos el diálogo con el maestro Alberto Benavides, el pintor bogotano que en el barrio Kennedy comenzó a expresar su creatividad, a hacer del uso de pincel, a demostrar sus dotes artísticas. En su mirada no se asoma el afán de protagonismo, a pesar de que sus cuadros han visitado grandes escenarios europeos y nacionales del arte y la cultura.

En su estudio en el bulevar de Clichy, George Seurat (1859-1891) padre del puntillismo, reducía la multiforme naturaleza a su característica más esencial, el punto. Los trazos de colores primarios, se combinan juguetones, y mirados desde una distancia prudencial se transforman ante la retina del observador curioso. ”Ustedes ven arte, yo veo ciencia”, decía Seurat. En siete años intensos, realizó sus más emblemáticas obras: Parada del Circo, Un baño en Asnieres o Tarde de domingo en la Isla de la grande Jatte.

Sin saber que en Seurat se hallaba el génesis de su técnica predilecta, Alberto Benavides, bogotano, compró un libro en el centro de Bogotá; en su portada se hallaba una pintura, autoría del maestro francés. De inmediato Benavides sintió una afinidad especial, un magnetismo sobrenatural. “Eso es lo que yo hago”, dijo para sus adentros el artista autodidacta.

Benavides hacía un tiempo había comenzado a incorporar punticos de manera inconsciente en sus creaciones pictóricas. Sus inicios se encuentran enmarcados en la llamada escuela primitivista, corriente artística, cuya fuente de inspiración se haya en las culturas no clásicas, en el sentir popular y los pueblos originarios. La sensibilidad del artista y sus pulsiones más básicas pero sinceras, se hacen manifiestas a través de la pintura.

Estuvo de manera presencial, acompañando su obra en Francia e Italia, pero sus oleos puntillistas y primitivistas han recorrido más de lo que el propio maestro llegó a imaginarse. El Museo Bon, en Hamburgo, Alemania acogió sus cuadros en el marco de la exposición primitivista, al igual que el MAC de Bogotá durante la Muestra de Arte Cristiano.

Benavides no es ajeno a los reconocimientos y menciones, entre los cuales se destacan el diploma otorgado por el V Gran Prix de Pintura mural Con motivo de paz o el Primer premio en el concurso mundial artístico, Art Vie, en Paris. “Soy un artista disciplinado”, dice Benavides. Y esta característica lo ha llevado a conocer y a exponer junto a personajes como Edgar Negret.

Alberto Benavides prefiere pintar de día, la luz de la mañana le inspira. En sus  obras los colores rojo y azul predominan de manera especial, resaltando el cielo imponente que acompaña a muchos de sus temas religiosos, recurrentes en su prolífica carrera.

¿Cuánto se demora en culminar una obra?, sin mucho pensarlo, Benavides, replica “para un cuadro de 60 x 90, quizás 4 días, dándole 12 horas diarias”. Tras una pausa, obligada por motivos de salud, que le había apartado del proscenio público, el artista bogotano obtuvo la beca de circulación otorgado pro Idartes en 2017.

El Centro Cultural y Convenciones del municipio de Cajicá, le abrió sus puertas y permite que sus elegantes paredes blancas se impregnen del colorido de sus obras imponentes; que narran la historia de santos, la naturaleza, los paisajes de su prolífica memoria, testigo de su experimentación constante y búsqueda de la perfección técnica. “En Bogotá, soy el único que maneja el puntillismo de esta manera”.– comenta Benavides.

La muestra “Momentos y colores de la creación” con sus 71 obras entre religiosas y naturalistas, tuvo lugar durante el mes de mayo en dicho escenario cajiqueño. Al momento de llevar los cuadros a su ciudad natal, recibe una llamada para que la obra siga viajando pero sin abandonar los límites de la Sabana. Es así como llega a ZenAtrium, espacio cultural de Zipaquirá, esta vez su obra podrá ser vista hasta el 6 de julio en el municipio salinero.

¿Dónde VER LA EXPOSICIÓN?

Hasta el 6 de julio en ZenAtrium, Centro Cultural que reseñamos también en esta edición de El Observ@dor. Dirección: Calle 3 # 9-10 Zipaquirá. Teléfono: 851 7106.