En plena pandemia, Alejandro Rodríguez Barragán, un niño de Nemocón, se prepara para ganarle batallas a la vida. No en una cama con respiración asistida, sino sobre una tabla de ajedrez. FOTO: Julio LEÓN. EL OBSERVADOR.

Héctor TABARES ORTIZ

   Domingo frío de cuarentena por la COVID-19 en Nemocón, municipio a 45 minutos al norte de Bogotá. Invitados y guiados por el profesor ´Manolo´ (ya diremos quién es ´Manolo´) vamos tras el niño Alejandro de 10 años, de quien nos han contado que se divierte en una constante posición desesperada: se prepara para resistir muchas derrotas en la paradójica búsqueda de la gloria sobre una tabla. 

   A las afueras del pueblo, en la portada de su modesta casa en la vereda Astorga, Orlando Rodríguez y Rosa Elena Barragán Suárez, los padres de Alejandro nos saludan, nos llevan hasta la sala de recibo que han convertido en un escenario de vida o muerte, una especie de Unidad de Cuidados Intensivos, para que su hijo se prepare como un gallo de pelea a dar batallas, no tanto como los héroes que por estos tiempos salvan vidas humanas sobre una cama de hospital y con ventilador, pero sí batallas mentales desde un tablero de ajedrez.

   Esa mañana Alejandro se dispone a participar en la nueva edición online del Torneo Internacional ‘Cordillera de Los Andes’ “El Alto Vuelo del Cóndor” junto a 592 ajedrecistas que representarán a 18 países entre América y el Viejo Mundo.

   Los comienzos

   El niño Alejandro Rodríguez se inició en el deporte-ciencia-juego casi a la edad de 8 años de la mano sabia de su abuelo Juan y de su tío Ramiro, a quienes veía jugar ajedrez en un salón de billar del pueblo de dos mesas que administraba su padre Orlando ´Bolillo´ en Nemocón. Sí, en un salón de billar, este también juego ciencia que como el ajedrez no pide aplausos, más bien silencio como regla general.

   Fue primero Juan Rodríguez, un jubilado de la Policía, quien por eso, por haber sido policía con temperamento necio le infundió al niño su  capacidad de observación con razonamientos lógicos, que muestran que la vida tiene su ´juego´; quien le enseñó que en el Ajedrez cada uno de los dos jugadores tiene una dama y ocho peones, dos torres, dos caballos, dos alfiles; cómo se sitúan para en un trabajo conjunto ir cubriendo de alguna manera la mitad de un tablero de 64 cuadros y moviéndose en tal o cual forma hasta alcanzar la victoria dando mate al rey, la más importante pieza de todos en el juego.

   Y fue su madre Rosa Elena Barragán Suárez quien, advirtiendo el interés del niño por ese deporte y sus adelantos con el abuelo, decidió en 2019 -junto con su esposo Orlando Rodríguez -apodado afectuosamente ´bolillo´ en casa y en el pueblo- contactar a Manolo Romero, el instructor en la Escuela de Formación Deportiva de Ajedrez del Instituto Municipal para la Recreación y el Deporte de Nemocón, a fin de que fuera él quien le enseñara a Alejandro las estrategias para situar en forma las piezas para el jaque, el mate, el ahogado, el enroque y la captura al paso.

  Manolo Gabriel Romero Castañeda, un ex pichón de abogado, de un hablar apresurado que le imprime emoción a su discurso directo, ´campechano´, desbordante de pasión por el ajedrez y por los deseos de hacer grandes a los niños y niñas nemoconenses en el juego ciencia. Con suficiente aceptación entre esos chiquillos en su mayoría de humilde cuna campesina, que con gran esfuerzo llegan a pie desde las distantes veredas donde residen hasta el casco urbano del municipio a la escuela de ajedrez de Nemocón, animados por las charlas sin presunciones de superioridad de Manolo. El hombre les explica las cosas de manera súper simple, de forma directa y correcta: «Pilas ´chino´ con ese peón, no vaya y se lo coma el caballo», en vez de: «No puede moverse en esa diagonal porque tiene amenazas del caballo».

   Una vez Manolo logró la inscripción de la Escuela de Ajedrez de Nemocón en la Liga de Ajedrez de Cundinamarca, Alejandro, con 9 años de edad, por la goma de sus padres de seguirlo en todo, se movió a participar en torneos en varios municipios del departamento. Y es que, si bien está claro que el talento para el ajedrez de un niño es don de Dios, de todas maneras el papel de los padres del prospecto jugador de ajedrez es muy importante.

    Ya categorizado en la sub 10 Alejandro se mantuvo siempre en el pódium de los 10 primeros de su categoría y de paso, dándole buena puntuación a su escuela de ajedrez al punto que, junto con otros compañeritos del pueblo, han logrado situarla en el puesto 17 dentro del top 20, puesto significativo entre más de 48 escuelas de formación incluyendo clubes ajedrecísticos. Y el niño continuó participando, ganando y perdiendo y volviendo a ganar, en diferentes torneos durante 2019 por todo Cundinamarca, hasta La Calera y Zipaquirá municipios donde quedó campeón dos veces consecutivas.

   Y a veces ha caído. Posteriormente, a finales de agosto de 2019, participó en el Campeonato Nacional de Ajedrez por Categorías, organizado por la Universidad Central de Bogotá, en el que no obstante su buena puntuación, a Alejandro no le alcanzó para clasificar al X Festival Panamericano Escolar de las Américas “Colombia 2019” en Medellín.

   A comienzos de 2020, Rosa Elena y ´Bolillo´se estaban agendando para que Alejandro participara en torneos presenciales en casi nueve municipios del departamento, los que fueron suspendidos por la pandemia de la COVID-19.

El equipo detrás del ajedrecista

Foto: archivo de la familia.

   No sería justo desconocer que tras un niño que se prepara para hacer un buen papel en el mundo del ajedrez, hay delante de él arriba y hacia los lados, presididos por sus padres -y su abuelo para Alejandro- un grueso número de profesionales. Junto a los otros jugadores se mueve una ´cuerda´de instructores, entrenadores, árbitros, monitores, organizadores y promotores e incluso periodistas y analistas (webmasters). Al lado de Alejandro han estado el instructor básico Manolo Romero, y el maestro Fides, Johan Sebastián Olarte Parra, con quien Alejandro se ha adentrado cada vez más en las estrategias del juego ciencia por ahora en la categoría Sub 10.  

Bendita adrenalina  

Y es esa ardua presión que hay detrás del ajedrecista la que le genera la adrenalina que a veces le dificulta pensar bien la jugada, y le hace no sentir miedo, lo que, según los expertos, “es el mayor error que se puede cometer en el tablero de ajedrez en el momento”. La misma hormona que hace que el ajedrecista respire fuerte, mientras piensa: ¿qué hago con esos peones que vienen por ese caballo? ¿Qué hago con esta sensación de no estar ganando la partida? ¿Por cuál diagonal muevo este alfil? ¿Cuál peón cuido? ¿Cómo voy a recibir los abrazos de mis padres?, cuando gane, y si pierdo, ¿qué les respondo a mis entrenadores? ¿Y qué a mí mismo?

   Sin computador

   Pero la respuesta a las convocatorias virtuales estos tiempos de COVID-19 no ha sido tan fácil para Rosa Elena y ´Bolillo´, menos para el niño Alejandro. Fuimos testigos observando al niño Alejandro frente a sus rivales en el Torneo Internacional ‘Cordillera de Los Andes’. En su amplio, alegre, humilde hogar hay dificultades que no se pueden desconocer de frente a las competencias virtuales. En la casa de Astorga, la preciosa vereda arriba del valle de sal de Nemocón hay poca conectividad virtual, por lo que todos tienen que arreglárselas de algún modo en la familia para atender, sin computador y menos una tablet, con un solo celular, para cumplir con los deberes del colegio y con su promisoria tarea de campeón de ajedrez del ´gallo´ de la familia.  

   Pero, así y todo, mientras les llega el apoyo de la administración municipal de Nemocón para equiparse con buena tecnología, con la cual competir por el municipio, el departamento y Colombia, ellos confían en que la suerte les dé una manita. Y no es un decir, todos llevan en su sangre el gen del pleito por la fortuna. ´Bolillo´, junto a sus labores campesinas es gallero apostador aficionado y conoce mucho de ganar o perder, junto con su esposa, Rosa Elena, una empleada de una empresa de apuestas en Zipaquirá.

   Y ahí continúa Alejandro, enganchado en su tabla de ajedrez virtual a punto de tomar decisiones que les acarreará consecuencias a él, a la escuela de ajedrez del municipio de Nemocón, a su equipo profesional de instructores y preparadores, y, claro, al cada vez creciente número de personas que en el municipio sabanero confían en el futuro promisorio de los niños y niñas que se preparan para competir en la escuela de ajedrez del municipio.  

   Menores también sobresalientes como Alejandro, entre ellos Gabriel Matías Romero Ballesteros de 6 años y Juan Sebastián Rodríguez Parra de 10 años, los que no es que sean más inteligentes que los otros niños y niñas de Nemocón, sino que son también niños normales a quienes les gusta jugar ajedrez y le dedican tiempo, pasión, estudio, disciplina. Eso es todo.

   Y partimos, dejando a Alejandro compitiendo, y a su abuelo Juan, a su madre Rosa Elena y a Orlando ´Bolillo´ careando el nuevo gallo para el ajedrez en Nemocón tierra de ajedrecistas, e imaginándoselo campeón del próximo torneo virtual de ajedrez, mientras pasa la pandemia. Si pasa.

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