“Ustedes vendieron Cajicá”: Opinión

Casi un año después de que el Concejo Municipal de Cajicá y la Administración del alcalde Mauricio Bejarano Navarrete, junto con el secretario de Planeación Camilo Bello Zapata, aprobaron el Plan de Ordenamiento Territorial (PBOT), la comunidad comienza a percibir que ese instrumento traerá un impacto negativo en la vida de los cajiqueños. En representación de la comunidad de Aguanica, y de muchas otras comunidades, Adelina Hernández y Clara Fonseca, dos mujeres que participan en diversos procesos de formulación de políticas públicas en Cajicá, alzaron su voz ante los miembros del Concejo Municipal, el pasado 28 de noviembre, durante la sesión en la cual la Corporación entregó su informe de gestión.

 

El Observ@dor reproduce aquí lo que ellas le dijeron a quienes votaron a favor de la norma que permitirá la construcción de cientos de condominios en los cerros occidentales de Cajicá, sin tener en cuenta las consecuencias que esto traerá a las comunidades que allí habitan.

Clara Fonseca

Clara Fonseca

Declaración de Clara Fonseca:

Señores miembros del Concejo Municipal de Cajicá y ciudadanos aquí presentes.

Soy Clara Fonseca, cajiqueña y residente de Aguanica desde hace 32 años. Viví junto a mi padre, Don Aurelio Fonseca Fonseca, el proceso de construcción del sector.

Como mujer y ciudadana, participo en la vida comunitaria de Cajicá y, por eso, me permito hablar en nombre de muchos cajiqueños y cajiqueñas con quienes comparto la misma opinión sobre nuestra situación.

Tras la aprobación de cada nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, Cajicá vive un proceso de urbanización acelerando, con el paso de cada gobierno.

Hoy, finalizando el 2015, ya son visibles las consecuencias de este modelo de crecimiento.

En tan solo 14 años, Cajicá perdió su campo cultivable, perdió sus vallados, perdió sus especies de árboles y fauna nativa, perdió sus fuentes de agua, perdió la tranquilidad, perdió la identidad y el sentido de pertenencia.

Nos hemos vuelto una ciudad atrasada, desordenada, congestionada, caótica, sucia, contaminada, insegura y fea; pero, sobre todo, una ciudad en la cual priman los intereses de quienes tienen el poder económico y de quienes tienen la capacidad de comprar la voluntad y el alma de los gobernantes.

El PBOT, aprobado a espaldas de la comunidad, el pasado 26 de diciembre de 2014, es apenas la estocada final.

En menos de un año, la actual administración, apoyándose en ese instrumento, ha negociado la urbanización del espacio verde que nos restaba. Sin informar a las comunidades, pretende transformar el municipio en una ciudad, con una población de más de 200 mil habitantes.

Los que hoy se benefician económicamente de este absurdamente acelerado proceso de construcción de condominios se habrán preguntado, por ejemplo:

¿Cómo le van a garantizar el acceso al agua a toda esa población?

¿Están seguros que el agua de Bogotá durará para siempre?

¿Cuáles serán los daños al medio ambiente?

¿Cómo le van a garantizar servicios públicos de calidad a todos?

¿Cómo le van a garantizar salud, educación y derechos sociales a todos los que están y a los que vengan?

¿Habrá trabajo para todos?

¿Dónde construiremos nuestra vivienda aquellos que no tenemos ingresos suficientes para comprar inmuebles en los condominios? ¿Dónde lo harán nuestros hijos y sus hijos?

¿Creen realmente que en Cajicá no hay pobres?

¿Cómo van a administrar todos los inquilinatos que están apareciendo con los trabajadores que vienen a Cajicá con la esperanza de conseguir trabajo en las construcciones?

¿Qué van a hacer cuando los pequeños propietarios no puedan pagar más el impuesto predial y el costo de los servicios públicos asignado a estratos elevados?

¿Seguirán invitándolos a que se vayan del pueblo?

Cuando se inunden las vías con más carros, ¿habrá suficiente dinero para expropiar predios y construir todas las calles necesarias?

¿Habrá espacio público suficiente y áreas verdes para todos?

¿Cómo manejarán los conflictos sociales, ya presentes, y cada vez mayores, entre la población nativa y los habitantes de los condominios?

¿Cómo reconstruirán la identidad del cajiqueño y su sentido de pertenencia?

Será que, en su afán inmediatista, ¿se olvidaron de hacerse estas preguntas?

Este equipo de concejales y el actual alcalde serán recordados por siempre como aquellos quienes vendieron nuestro territorio a los mejores postores, a los intereses de la industria inmobiliaria. Y, seguramente, este será el recuerdo de un desastre urbanístico, ambiental y social, lamentable.

Muchas Gracias.

Adelina Hernández

Adelina Hernández

Declaraciones de Adelina Hernández

Soy Adelina Hernández, ciudadana Cajiqueña.

Primero, quiero agradecer al Concejo Municipal de Cajicá por permitirme esta intervención.

Vengo a esta corporación a hablar en nombre de la comunidad del sector de Aguanica, a expresar el sentir de todos los habitantes de este pequeño sector.

Como muchos de los que vivimos allí, resido en Aguanica desde hace 34 años.

Hemos vivido gozando de la naturaleza, los cultivos y con el sueño de que nuestras familias tengan un futuro en este territorio.

Aprendimos a convivir con el cerro y a entenderlo como una parte esencial de la sustentabilidad ambiental del sector y de Cajicá. Por eso, nuestra comunidad se opuso a los proyectos que tenían como objetivo su urbanización.

Apoyamos la elección del alcalde Mauricio Bejarano porque, en su campaña política, nos prometió que no permitiría la urbanización de los cerros occidentales, que no se permitirían construcciones. Pregunto, ¿dónde quedó esa promesa?

Un día después de las elecciones de este año, el 26 de octubre, nos enteramos de que van a otorgar la licencia de construcción de las fincas Las Margaritas y Cicatama, ubicadas en lo que hasta el 26 de diciembre de 2014 era reserva forestal.

Durante el proceso de socialización del PBOT, la comunidad expresó que estaba completamente en contra de eso y el señor Camilo Bello Zapata, entonces Secretario de Planeación, aparentemente, aceptó esa demanda de la comunidad.

Los Planes de Ordenamiento Territorial están obligados, por ley, a concertar con las comunidades. La comunidad de Aguanica está en desacuerdo con la destrucción de esa reserva forestal.

Una vez más, a los residentes de Aguanica nos preocupa enormemente lo que va a suceder con el cerro de Cajicá.

En lugar de ser destruido debería ser reforestado y preservado.

Y, ¿cuáles serán las consecuencias que tendremos que afrontar los habitantes del sector?

Hoy vemos que las futuras generaciones no tendrán la oportunidad de vivir allí si no ofrecemos una resistencia comunitaria ante el avance inescrupuloso de la industria inmobiliaria.

Los Cajiqueños tenemos derecho a construir un futuro dentro de nuestro territorio. Tendremos que unir fuerzas para evitar la destrucción del medio ambiente y la violación de nuestro derecho a tener un suelo en donde sembrar nuestras esperanzas.

Ustedes, señores Concejales, que por doce votos contra uno aprobaron estas trasformaciones, son responsables, junto con esta Administración, de la actual situación y serán responsables de los problemas que haya en un futuro. Estamos y estaremos aquí para recordarlo.

Muchas gracias.