El viaje de Hwa Young Kim: 김화영 Pintora surcoreana cuya pluma recorre La Sabana

Hwa Young Kim, junto con sus hijos Seong Chan Lee y Seung Yeon

La casa y la lluvia

 

La lluvia azota con fuerza al municipio de Tabio, resultado del implacable invierno sabanero. El camino que conduce a Adrián Ibáñez Galería se ha tornado arcilloso; un cercado de alambre de púas divide la trocha de unos cuantos sembradíos que se encuentran a un costado de la vía, mientras algunos vecinos en sus bicicletas, regresan a casa desafiando el aluvión. Adrián Ibáñez Galería, se distingue en la distancia por su fachada de color azul vibrante; no hay oportunidad para camuflarse entre los parajes frondosos que rodean la vereda. A la entrada no hay guardias acartonados o máquinas detectoras de metal; su anfitrión y propietario, Adrián Ibáñez, da la bienvenida.

Hwa Young Kim y Seong Chang Lee ya se encuentran sentados en la sala interior; sus voces se funden con los propios sonidos del entorno campesino. Atravesando las salas de exposición, se llega a una especie de lobby acogedor.

Hwa Young Kim, artista surcoreana, expositora, madre de dos hijos y maestra, se muestra sonriente a pesar de un resfriado que la aqueja pero que no desdibuja una sonrisa. Es difícil adivinar su edad, su actitud jovial, elegantes facciones de pómulos afilados y una piel de porcelana que envidiaría cualquier dama, hacen difícil esa tarea. Young Kim, está en proceso de aprender Español e Inglés; mientras tanto, Chang, traduce las reflexiones de su madre: “Pintar en Colombia siempre es divertido; a mi mamá le gusta pintar personas, capturar detalles”.

Hwa young Kim no sale de casa sin su pluma amarilla. Una Lamy de precisión milimétrica. A menudo, las cosas tienen el poder de transformarse en compañeros de aventuras.

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WHY7803

Why7803 es su nombre de perfil, asignado al azar por Instagram. Sin querer, le otorga un aire de misterio al creador de los bocetos, acuarelas y dibujos a lápiz. Entonces, ¿Quién es @why7803 o en han-gul (nombre del alfabeto coreano): 황금호박?

“No tengo artistas famosos favoritos, hay gente que admira a Van Gogh, yo en cambio no siento conexión, me parecen muy lejanos” dice. Prefiere estar al tanto de los procesos creativos; de sus amigos, followers (fanático, seguidor) y colegas: “Son personas reales… trabajan duro, viajan, no paran”. Dice.

Su Instagram es su galería de bolsillo. Ser un follower de Kim, implica caminar a su lado a través de La Sabana y más allá de sus límites, desde las montañas hasta el mar, sin reparos en tomar el bus intermunicipal, bici taxi o un tuc tuc improvisado han cruzado ríos hasta llegar a grandes pueblos y ciudades de Cundinamarca, Boyacá, Antioquia y Santander.

En general se sienten seguros. “Los colombianos son amables y serviciales; hacemos amigos hasta en Transmilenio” asegura Chan. Durante estos recorridos Hwa Young Kim se inspira. En su Instagram y durante la duración de la exposición en La Galería, se observan láminas  de la vida cotidiana, como el joven danzante que participa en el Encuentro Nacional del Torbellino y las Danzas en Tabio, desvía la mirada, ataviado de pañuelo rojo y con los pies semi-descalzos en un suelo polvoriento; los detalles son tan precisos que sumergen al observador en el contexto que cada año convoca a los amantes de la danza folclórica colombiana, con `chicha´ recién fermentada, maíz tierno asándose sobre las brasas y las notas de la música de fiesta andina, tantas veces olvidada.

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CÁPSULAS DE TIEMPO EN PAPEL

Kim nace en la provincia de Gyeongsangnam al sureste de Corea; el nombre del lugar significa “más allá de la felicidad”. Sus casas antiguas tipo gotaek, los árboles de cerezo que florecen en primavera y su cercanía al puerto de Busan, desprenden las sonrisas de locales y turistas. “Desde que estaba en la escuela me gustaba dibujar”, así que la decisión de estudiar Artes no sorprendió a sus padres, ni a sus hermanos. Al pasar los años recibe su diploma en Pintura Oriental, otorgado por la Universidad de Keimyung en la ciudad de Daegu, alma mater fundada por el reverendo presbiteriano,  Edward Adams en 1899.

 

Calabaza Dorada, como la llaman sus allegados (apodo cariñosos que se le da alguien muy inteligente), se casa, tiene dos hijos y da inicio a una vida familiar en la ciudad. Trabaja como maestra, nutre su blog diario y educa a sus pequeños.  Solo duerme de 4 a 5 horas diarias. El cansancio comienza a debilitarla. Como testigo de esa ajetreada etapa se encuentra su libreta.

Acuarelas y dibujos a lápiz,  de la fachada de su café favorito, la librería más cercana; amigos de la familia; la vista desde la ventana de su hogar, una botella de Soju de toronja (bebida similar al aguardiente). A medida que las páginas de su sketchbook avanzan, más conocemos de Kim y  su entorno. – Este es Miko – señala Chan-. Refiriéndose al dibujo a lápiz de su perro de raza Charles King Cavelier. El can aparece en varias  páginas, con ojos despiertos y una expresión pícara; como quien está a la espera de una recompensa. – Miko está en Corea, con mi padre – concluye el muchacho -.

De repente los bocetos han llegado a su fin. La pluma de Gyeongsangnam-so toma un nuevo rumbo. Hwa young Kim se entera que una amiga de la región vive junto a su familia en un área rural cerca de la capital de Colombia; según ella “más segura que Bogotá”. Quizás sea hora de aprender Español.

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Tabio

Corea del Sur posee una superficie de 99.720 km2; en apariencia pequeño; este país es el hogar de casi 50 millones de personas, de los cuales, 24 millones, habitan el Sudogwon o área metropolitana de su capital, Seúl. Hileras de modernos apartamentos luchan por encajar en el apeñuscado paisaje urbano del país gobernado por Moon Jae-in.

– Por eso estamos aquí; mi mamá quería criarnos en un sitio diferente, pacífico; una vida tranquila,  donde las cosas sean también más baratas -. Ante esa última acotación Kim asiente feliz. – ¿Ves estas flores? – señalando uno de sus últimos bocetos -; – Son hermosas,  las compré en Tabio y solo cuestan 2000 pesos – ¡Very good! – Exclama con una sonrisa -.

– Esta es la primera vez, que vivimos en un lugar que no sea Corea, mi mamá ya había ido a Australia para su luna de miel; de hecho ganó un concurso organizado por Prisma, premiando uno de los dibujos que hizo sobre ese viaje”. En las palabras de Chan se percibe orgullo y admiración hacia el trabajo de su madre, la artista.

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EL BILLETE DE SHIN SAIMDANG

Mientras, el aroma del café de Zetaquirá, Boyacá, inunda el salón. El reloj marca las 8:20 de la noche. Hwan Kim continúa con sus trazos ágiles, inmersos en una profunda concentración. Minutos atrás, se había colocado sus anteojos y procedió a sentarse en otra mesa, contigua a la estación del barista y todos sus instrumentos.

Seong  Yeon, la hija menor y estudiante de octavo grado, me explica que ese día, su mamá no había dibujado nada. Es probable que la inspiración poco fluya, al comprar enseres para el hogar, al mismo tiempo que se trata de explicar a los vendedores que no quieren llevarse a casa una lavadora de 17 kilos sino solo una de 12. Sumándole a esto las diferencias del lenguaje y la insistencia de nuestros comerciantes. Ha sido un día largo.

En algún momento de la conversación, Chan saca de su billetera, tres Wons (el papel moneda de Corea), los cuales se destacan entre algunos dólares verduzcos que guarda a manera de suvenir-. Como es costumbre, solo los más ilustres representantes de la Historia nacional tienen el honor de que sus rostros sean impresos masivamente por el Banco Nacional. El billete de 10000 wons guarda la historia del rey más querido por los coreanos, representante de la Dinastía Joseón: Sejong el Sabio (1418-1450). Durante su reinado se reemplazaron los difíciles caracteres chinos por el sistema de escritura coreano o hangul;  también estuvo interesado en el estudio de la astronomía, las ciencias y la geografía. No es vano, que algunos proverbios y dichos tradicionales aconsejen que “Nunca debes olvidar donde está tu cerebro”.

El billete amarillo de 50000 Wones. Era el más interesante a la vista. Shin saimdang, de rostro dulce pero con un peinado acartonado; pintora, poeta y calígrafa, madre de uno de los más famosos filósofo confucionistas de la época: Yi I. Shin Saimdang se confeccionó a ella misma, un nombre que la haría verdaderamente feliz; la unión entre tres caracteres chinos, que significan: maestra, señorita y madre ejemplar.

Es curioso, pero hay algo de Samdang Shin en Hwan Kim. Aunque entre sus vidas, exista un espacio de más de 400 años y un contexto geográfico diametralmente opuestos.

Ambas comparten  el amor por transmitir las escenas que aparentan ser triviales; el respeto por  la herencia de maestros del movimiento gyeomjae (o estilo humilde). La exaltación de  los detalles minuciosos, una oda a  la cotidianidad, el amor a la familia y la búsqueda de aventura e independencia. Hwan Kim, finalmente termina su dibujo del interior del café cajiqueño; acto seguido posa sonriente con los dueños del local y sube la foto a sus redes sociales, no sin antes cerciorarse de haber escrito con correcta ortografía, el nombre: Cajicá para los hashgtags de rigor. ¿Cuáles son los planes para la artista coreana en el 2018? Aprender español y dibujar fuertemente. Instagram: @why7803