Rayos y centellas fusilaron un papal. 10 campesinos estuvieron al filo de la muerte en Zipaquirá

Por: John Fredy Rodríguez Méndez

 

En la antigüedad, el rayo simbolizaba el poder sobrenatural de algún furioso dios,  quien por medio de un hacha o un martillo aniquilaba a las criaturas pecadoras o castigaba a los perversos seres que se les rebelaban. Hasta que llegó Benjamin Franklin a mediados del siglo XVIII para desarmar a esas divinidades, cuando hizo volar una cometa durante una tormenta con relámpagos y demostró que los rayos obedecen a un fenómeno natural capaz de generar una corriente eléctrica.

 

El 20 de noviembre pasado, un destello de luz se desprendió del cielo y cayó sobre un pino en la vereda San Isidro de Zipaquirá, causando severas quemaduras a diez jóvenes campesinos cultivadores de papa que se encontraban escampando de la fuerte lluvia. Gracias a un testigo que avisó telefónicamente a las instancias de emergencias municipales, la Defensa Civil acudió al lugar con el paramédico José Gutiérrez: “El desplazamiento hasta la vereda nos demoró aproximadamente treinta minutos. Ya en la escena del accidente, observamos a dos personas en estado grave, quienes habían sido embestidas por el rayo”.

 

Para Luis Fernando García de 31 años de edad, uno de los aldeanos alcanzado por el fucilazo, el suceso le representó un renacer, una metamorfosis: “Eran la una y media de la tarde, empezó a llover y nosotros estábamos sacando papa y nos metimos debajo del pino y fue cuando sentí una vibración en la nuca, un dolor en los ojos y boca. Al momento de recordar todo, estaba en la ambulancia pero no sentía las piernas, mi boca y ojos, sentía que hubieran sido quemados con gasolina. Al llegar al Hospital La Samaritana de Zipaquirá, me realizaron la valoración médica que resultó positiva al momento de recuperar la movilidad en mis  piernas”. Luis Fernando estuvo hospitalizado durante tres días, debido a que su sangre estaba literalmente cocinada y no se podía tomar la muestra; tras recibir la atención médica del caso, se pudo continuar con la respectiva valoración y tratamiento.

 

Entre las diez personas que sufrieron el percance se encontraba Brayan Elián, cuya vida también se vio amenazada por la serpiente que a gran velocidad bajó de los cielos: “Cayó el rayo y no me acuerdo de nada, los paramédicos me  reanimaron  tres veces debido -me explicaron-  a un primer pre – infarto como efecto del choque del rayo en el pecho; luego tuve otro pre – infarto a las once de la noche… Creo que es un milagro de Dios, me dolía todo y no podía mover las piernas”, dijo el joven sin ocultar una sonrisa complaciente.

 

Los paramédicos habían movilizado a Brayan desde el pino hasta la carretera, a quien habían encontrado totalmente conmocionado. Por su parte, a Luis Fernando García optaron por mantenerlo en la zona de impacto, ya que el hombre solo mostraba signos de somnolencia y no respondía lo que se le preguntaba. “Cuando el corazón recibe una gran cantidad eléctrica como la de un rayo, los  médicos deben asegurarse que el corazón tenga su función normal”, comentó José Gutiérrez. Por ello, posteriormente, a Luis Fernando y a Brayan les practicaron todos los exámenes del caso para así descartar alguna alteración de sus sistemas nervioso, circulatorio y respiratorio.

 

Los sobrevivientes de esta historia reconocen lo sucedido como un milagro. Al retornar al lugar de los sucesos bajo del pino, Luis Fernando se mostró ya más tranquilo y sintió que un nuevo aire de vida se le presentaba. Por eso se ha motivado a emprender una vida laboral más sensata, reconoce que en su a veces arriesgado oficio de campesino cultivador de papa, hay que tener prudencia ante los fenómenos sobrenaturales que a diario brinda la naturaleza como una lluvia con tormenta a campo abierto.