El Chalet de la Gallina Feliz Y la familia Jamocó – Páez.

 

Foto OlgaLú. Carlos Jamocó en la finca donde funciona El Chalet.

 

Por: Olga Lucía Ríos A. Escritora.

Paquita se pa­sea por el campo con plena libertad, respira aire puro, descansa cuando quiere, codeándose con sus amigas vive a sus anchas. Su alimento es cien por ciento orgánico: maíz, granos, pasto, zanahoria, lechuga, espinaca y una buena cuota de animalitos que picotea de la tierra. Como resultado, pondrá huevos de gallina feliz, los que de acuerdo con expertos veterinarios tienen mayores aportes nutricionales.

El Chalet de la Gallina Feliz en Nemocón (Cundinamarca), tiene como objetivo brindar a los anima­les mejor calidad de vida, alimentadas con raciones suficientes para satisfacer los requerimientos nutricionales, incluyendo vitaminas, minerales,

proteínas y/o aminoácidos y fibra, produciendo huevos rendidores y exquisi­tos. Importante su aporte energético, producto de una estancia feliz mediante cuidados y afecto por parte de sus tutores Carlos Jamocó y Sandra Patricia Páez con quienes dialogamos en El Observ@dor. Todo esto les ha otorgado la certificación de los huevos, como Producto Orgánico.

 

¿Cómo nació El Chalet de la gallina feliz?   

 

Haré hincapié en una anécdota: Sandra Patricia, acostumbrada a consentimientos y cuidados en salones de belleza, sitios de esparcimiento como las boleras y la práctica de su preferido basquetbol; los que veía alejar en estas frías montañas nemoconenses, realizó un curso sobre “árboles frutales y huertas caseras”, al final fue compensada con 7 gallinas, las que bien podríamos llamar: “las gallinas de los huevos de oro”.

 

Habían pasado ya dos años de lucha y búsqueda de alternativas, que sacaran adelante nuestro sueño de una finca ecoturística. El porvenir en esta provincia de Sabana Centro, en Nemocón, se veía amenazado por la premura económica, así que estos prodigiosos huevos parecieron conectarnos a tiempos ancestrales cuando “El trueque”, una práctica que existe desde el periodo neolítico, desde hace aproximadamente 10.000 años, con la aparición de la sociedad agricultora-ganadera.

 

Así que hicimos intercambio de huevos por carne, verduras y toda clase de alimentos. Una familiar de visita, al ver dónde habitaban las gallinas manifestó: “esto no es un gallinero, es todo un chalet”. Un hermano nos obsequió cincuenta gallinas, que convertimos en una nueva generación mediante cuidados especiales. Son ya 800 gallinas felices.

 

¿Cuándo llegaron a Nemocón?

 

A inicios del año 2007, con un proyecto ecoturístico y el sueño de rodearnos de mascotas.

 

¿A qué se dedicaban en Bogotá?

 

Ambos profesionales con PhD, en Educación Física y Deporte. Teníamos empresa, orientada al turismo activo y organización de eventos empresariales, nos preparamos bastante, pen­samos que al profesional de hoy se le exige manejar diferentes frentes.

 

¿Por qué abandonar una exitosa vida ejecutiva en la capital, para hacer parte de esta nueva generación neo-rural?

 

Como empresarios prósperos por años, algunas medidas del gobierno nos afectaron. El amor a los animales fue el punto de inspiración, que se ha convertido en nuestro medio de vida.

 

¿Fue difícil integrarse a la comunidad del sector rural en la vereda?

 

La verdad fue complicado, los vecinos regionales parecieron sentirse invadidos por personas ajenas a sus costumbres.

 

¿Cómo se produce un huevo de gallina feliz?

 

Un huevo de gallina feliz es el producto de un espacio libre de estrés, temor, angustia y desnutrición, con cuidados veterinarios, buen descanso y protección, gozando de libertad de expre­sar su conducta fisiológica y social. En concordancia con psicólogos y naturalistas del mundo, las emociones y sensaciones influyen en los animales.

 

¿Cómo es eso de que se conozca esta nueva raza de galli­nas felices en los planos nacional e internacional?

 

El Chalet de la Gallina Feliz ha recibido la visita de Luis Gabriel Quintero Pinto, catedrático de la Universidad Nacional de Colombia, autoridad en zootecnia y toda clase de proyectos en relación con la agrología, y de Blanca Stella Pardo Gamboa de la Gobernación de Cundinamarca. Del mis­mo modo, nos han visitado microempresarios regionales. Del exterior hemos recibido personas de República Dominicana y de la Asociación Dominicana de Avicultura.

 

¿Cómo terminan sus días las gallinas felices?

 

Con los mismos cuidados y protección, como ves acá -dice Carlos, señalando una caja de buen tamaño, entapetada en aserrín, donde se observa una gallina en descanso. Toma dos recipientes y se acerca para hacer sonar con los dedos el agua, señal que identifica la vieja gallina Princesa que se dispone a beber agua, al tiempo que agita los granos de su alimento. Así estará hasta que el dador de la vida lo decida; mientras, gozará de cuidados en su morada, solo escuchando el canto de los gallos desde temprano, porque hace tiempo que no ve.

 

Para Carlos Alberto Jamocó y su esposa, Sandra Patricia Páez, líderes, con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo, son ya once años actuando en este bello paraje nemoconense, pleno de futuro para personas de su carácter investigativo y práctico, son ellos hoy autoridades en materia de diversidad agroecológica, mediante el manejo eficiente de recursos locales y autóctonos. De lo mejor que ofrece la naturaleza brava y abrupta de la vereda de Mogua en Nemocón.