El 9 de Abril que yo viví.

El 9 de Abril que yo viví.

“De repente la bulla de los buses de Zipaquirá, con sus parlantes a todo volumen, anunciaba la presencia de un lúgubre suceso”. Gerardo Cuervo Z.

 

 

Por: Liliana Castillo Neira. Historiadora.

Una y quince minutos de la tarde; tres disparos del canario –un improvisado revólver calibre 38- destrozan el pulmón del líder del liberalismo; en la Clínica Nueva,  un novel médico nariñense titubea en dar la noticia que todos temían: Jorge Eliecer Gaitán había muerto.

La tensa calma al interior de la Escuela Pompilio Martínez contrastaba con la rabia desmesurada que recorría con machete en mano y sombrero de copa, las calles del centro de Bogotá. Gerardo Cuervo Z.  Relata cómo fue el 9 de abril que Él vivió. Dos escenarios, un mismo evento.

 

Lo que traen los buses

 

Gerardo, su hermana Susana, 25 de sus compañeros de clase  y sus respectivos acompañantes,  momentáneamente, se vieron envueltos en una escena confusa.

“El 9 de abril de 1948 estábamos recibiendo las calificaciones de la escuela; Yo cursaba segundo grado con el profesor Ojeda. De repente la bulla de los buses de Zipaquirá, con sus parlantes a todo volumen, anunciaba la presencia de un lúgubre suceso.

Eran las tres de la tarde; normalmente la reunión duraba dos horas pero nos despacharon antes de tiempo.

 Algunos niños preguntaron a sus maestros sobre la naturaleza del evento. El profesor con una mirada extrañamente plana, replicó: -Mataron a un político importante en la capital”.

 

Transmitiendo desde un lugar al que nadie le importa

 

Esta es la emisora Liberal No. 2, transmitiendo desde un lugar de la República que a nadie le importa, mataron a Jorge Eliecer Gaitán-. Pueblo de Colombia, la suerte está echada. ¡A la carga!

 

Dos de la tarde: la serenidad había sido desterrada definitivamente de la ciudad capital. Motivados por la rabia y la desesperación, un numeroso grupo de simpatizantes del gaitanismo engullía a todo aquel que pareciese sospechoso de la conspiración y asesinato del doctor – título legítimamente obtenido en la Università di Roma -.

 

Juan Roa Sierra, de 22 años, buscaba desesperado un escondite al interior de la Droguería Granada. –“No dejen que me maten”- suplicó a uno de los oficiales que había llegado al epicentro del caos.

Antes de proseguir con su ruego lastimero; yacía en el suelo. La fuerza de los puños, escupitajos y punta pies, le hicieron sucumbir.

 

Según Wilson Blanco Narváez, en su crónica “El asesino de Gaitán”; solo fue posible identificar a Roa Sierra; días después; cuando un periodista, recupera su cedula de entre los escombros, contigua a  una misteriosa nota que rezaba “Morcillo y Morcillete”.

Blanco Narváez; también menciona; que el Doctor Jorge Cavelier, fue uno de los primeros en reconocer al presunto asesino debido a las visibles cicatrices- las cuales se podían observar en fotos de prensa- de una apendicetomía; realizada por el  afamado galeno en el Hospital de la Samaritana.

 

La tarde avanzaba; poco a poco un remolino de asfalto y polvo sanguinolento cubren la humanidad desnuda de Roa Sierra, abandonado en el frontispicio del Palacio Presidencial.

Aquí, solo hubo un muerto

 

Mientras daba otro sorbo a su agua de panela, el maestro continuó con su relato:

 

-“Era lógico que se alterara el orden público; con mi hermana mayor, Susana,  salimos en relativa calma. Después nos enteramos que hubo un muerto. Era un caballero conocido con el sobrenombre del marrano. El incidente sucedió en el costado nororiental del parque, cerca de la Casa de la Cultura N° 2. La intención del soldado no era matarlo, sino asustarlo. “

 

-Entonces, había presencia de la policía? ¿Presagiaban escaramuzas en el pueblo?- indagué.

– Su presencia era requerida en mayor medida por los problemas de movilidad.

 

Asentí un momento en silencio;- ¿Entonces sentían miedo?

 

– “Por la edad no palpábamos la gravedad de los hechos; nos parecía todo tan lejos. En corrillo, los muchachos hablaban a la altura del conocimiento que tenían; unos describían su propio paso por aquellos lugares comunes de la tragedia: la Plaza de Bolívar, la Séptima;  otros se aventuraban a arrojar detalles del asesino de Gaitán al que describían como un tipo alto de apellido Roa.

“La  situación comenzó a pintar más tétrica al circular  las versiones de que en Bogotá, recogían los cadáveres a granel, a  unos los incineraban, otros prácticamente los llevaban vivos y los botaban en los cementerios. “

 

¿Morbosa curiosidad?

 

Sábado 10 de abril; el padre de Gerardo, anunciaba a sus hijos que era hora de ir al pueblo.

-“La intención de mi papá  era la de proveerse de chicha, cargaba una múcura grande al hombro. En el lugar, la gente seguía comentando lo sucedió en la capital; es que la curiosidad es morbosa. Resonaban rumores de altercados en Chía; donde las secuelas del Bogotazo llegaron en forma de saqueo, especialmente al almacén de la Caja Agraria”.

 

Y el domingo, ¿hubo misa?- pregunte

 

-“Claro que sí; la gente cuchicheaba algo al respecto, pero sin llamar la atención del sacerdote”.

 

El caos pasa y un padre busca

 

El 11 de Abril, comenzaron a llegar unos caminantes inesperados, provenientes de una correccional en Pacho; llevaban a cuesta el trajín de 50 kilómetros recorridos y artesanías para vender.

Tenían hambre y debían llegar a Bogotá. Unos buscaban a sus familias; otros continuaban con el deseo de hallar un mejor futuro.

-“Recuerdo también al papá de un muchacho que había perdido el estudio y se había ido aventurar a Bogotá. Él se fue el lunes y apenas localizo a su hijo hasta el miércoles.”

De Cajica a Torca en bus; algunos tramos a pie; sumados a la habilidad de saber escabullirse en medio del ajetreo y los controles policiales.

 

– ¿Lo encontró muerto?- pregunte con ansiedad de saber el desenlace.

-No, al final,  le localizo en un mini mercado en el barrio Los Mártires. El tipo corrió con suerte.

 

 La hierba eclipsa la cebada

 

“El lunes siguiente, que ya era 12 de Abril, me  conseguí  un trabajo para desyerbar el trigo en la Hacienda El Naranjo,  contigua a la casita de mi papá.  Tenía anhelos de comprar una camiseta con trompos de colores. A veces la hierba crecía tanto que trataba de eclipsar la cebada. “

Pero el eclipse aún no había pasado en la ciudad. Ese mismo día, algunos de los ejemplares del diario El Tiempo, llegaban al pueblo cajiqueño a través del expendio de Andrés Ospina.

 

BOGOTÁ ESTA SEMIDESTRUIDA:

Cobardemente en Bogotá asesinado el Dr. Gaitán.

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“Al regresar a la escuela, se eludía el tema, Se evitaba En primer lugar porque se iba el tiempo en consejas y cuentos. “-narra Cuervo Z.

 

Los profesores seguían dictando clases; pero sin ocultar el dolor del país. Sus 25 estudiantes de grado segundo, continuaban con sus estudios; se sentaban en grupos de a cinco en unas alargadas bancas de madera. “Eso nos obligaba a no pelear, nos llevábamos muy bien”.

 

La verdadera pelea, estaba afuera: Los liberales contra los conservadores; el fuego cruzado de los tejedores de hipótesis, quienes acusaban a la CIA, a Fidel Castro y a Ospina Pérez como responsables intelectuales del magnicidio

 

En Zipaquirá, a pocos kilómetros de la casa de nuestro narrador; se vivían momentos de incertidumbre.

La inauguración de la Hostería el Libertador, de elegante estilo neoclásico, se vio frustrada, al igual que la llegada de sus primeros comensales: los homenajeados de la Conferencia Panamericana.

 

En palabras de Gerardo: “Es que entre más gente, más bochinche”

 

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+CINE:Ceso la horrible noche de Ricardo Restrepo; el documental histórico compuesto de metrajes de la época.

+LIBROS: entre la ficción y el rigor histórico se ubican varias novelas como: “El día del odio” (1952)  de José Antonio Osorio  o la reciente trilogía de Miguel Torres, su último título “La Invención del pasado” (2016).