Más cemento, menos alimento

¿Sabía usted que el pan de $200 está a punto de desaparecer? Los procesos de expansión de la capital del país han trasformado el uso de los suelos de la región, afectando seriamente los precios de los productos y la soberanía alimentaria.

La soberanía alimentaria es un concepto desarrollado por La Vía Campesina, Movimiento Campesino Internacional, definiéndola como “el derecho de los pueblos, de sus países o uniones de estados a definir su política agraria y alimentaria”. Sin embargo, la realidad de la Sabana de Bogotá es otra, un paisaje de cemento gris urbanizado.

 

Para entender el surgimiento y avance de este fenómeno en los municipios de Cajicá y Zipaquirá, es necesario comprender las dinámicas de expansión de Bogotá en los últimos años. Para Darío García, miembro de la Corporación Cactus y coordinador de investigación del II Informe Sobre el Derecho a la Alimentación en la Sabana, titulado ‘Más cemento, menos alimento’, “el crecimiento de las ciudades latinoamericanas suele ser no planificado, informal y expandido; Bogotá empezó a tener unos procesos de conurbación, es decir, que había una continuidad en las construcciones urbanas con otros municipios cercanos”. Esta situación llevó a Bogotá a pensarse regionalmente afectando drásticamente a estos municipios, en tanto se modificaron las dinámicas de uso de suelos y producción de alimentos.

 

 

 

Uso de suelos

 

En la actualidad, se observa cómo la vocación agricultora de la región ha ido desapareciendo, dando lugar a un crecimiento abrumador del sector urbano; municipios de la Sabana Centro como Cajicá y, en menor proporción, Zipaquirá, se han convertido en los receptores de la población de clase alta que ya no encuentra en Bogotá condiciones óptimas de vida. Los cultivos han sido reemplazados por banderas verdes y naranjas cada vez más prominentes.

 

La minería

 

Es una actividad económica que se ha intensificado en Zipaquirá durante los últimos años, si bien la explotación de sal ha reducido considerablemente en comparación a Sesquilé, para el 2013, INGEOMINAS reportó una producción de casi 50.000 toneladas por año.

 

Crecimiento desmedido

 

Un claro ejemplo de crecimiento descontrolado son los municipios de Facatativá y Zipaquirá, cabeceras municipales de gran concentración poblacional, siendo causal de la disminución en la producción de alimentos. Otra situación importante es la especulación del valor de los suelos, dejando como resultado un alza en inversiones hacia la ganadería y pastos.

 

La desaparición del pan de $200

¿Por qué se habla de la posible desaparición del tradicional pan de $200? “¿No será porque en la Sabana ya no producimos trigo? Este viene importado de Estados Unidos y, si después de hacer el convenio, ellos deciden escasear la moneda y aumentar el precio del dólar nos perjudican a todos”, afirma  Darío García.

Municipios como Cota, Funza, Madrid, La Calera, Sibaté y Bojacá se han mantenido en la producción de alimentos. En contraste, en Nemocón, Sopó, Tocancipá y Gachancipá, priman las actividades industriales y de extracción minera.

 

Actualmente en la Sabana predomina la siembra de papa, debido al desplazamiento forzado del campesinado a las zonas de páramo, afectando seriamente estos ecosistemas. También se ha incrementado la producción de cebada y arveja.

 

La opinión de nuestros habitantes

Katalina Rojas, fotógrafa, activista, defensora de los derechos humanos y habitante del municipio de Cajicá, asegura que “en el territorio nacional hay una reglamentación para tener la tierra; una de ellas es por medio de una escritura y la otra a través del patrimonio, como el caso de los indígenas”.

Además, el Estado reglamenta que a esta institución corresponde el uso y propiedad del subsuelo. Entidades como la CAR y el Ministerio de Minas y Energía están en capacidad de otorgar licencias de explotación a multinacionales aun cuando estos terrenos correspondan a asentamientos indígenas, generando así el fenómeno del desplazamiento de la población por parte de las fuerzas armadas. Las tierras expropiadas tienen como destino la extracción de recursos naturales o la construcción de grandes infraestructuras. Entidades como ASCAMCAT Asociación campesina del Catatumbo, desde el año 2005 luchan desde su organización por las zonas de reserva campesina. En la actualidad se están constituyendo siete Zonas de Reserva Campesina (ZRC) en diferentes municipios. De igual forma, buscan generar condiciones de vida digna e integrarse en torno a la defensa y permanencia en el territorio.

 

En estos momentos existen seis ZRC ya constituidas en los departamentos de Bolívar, Guaviare, Putumayo, entre otros.

 

¡Porque otra Sabana sí es posible!

Este el lema de las distintas organizaciones sociales y populares de la región, quienes se han preocupado por conocer y transformar su realidad. Procesos concretos como la Red por la Soberanía Alimentaria Raíces de la Sabana, vienen sentando un precedente, construyendo alternativas, con el propósito de reivindicar la autonomía de los pueblos.

 

Para Andrea Puentes, integrante del Colectivo Juventud Pensante Zipaquirá y de la Red Raíces de la Sabana, “es indispensable que las comunidades se empoderen del territorio, siendo conscientes de sembrar productos sanos como forma de resistencia a los cultivos transgénicos y a la desposesión de la tierra”.




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