Alto del Águila, un campo que no hay que olvidar

Reflejo de la situación de los campesinos; la historia y vida de esta vereda que florece verde.

Alto del Águila. Foto de Axel Laverde

Alto del Águila. Foto de Axel Laverde

La vereda del Alto del Águila tiene una historia de más de 80 años. Al inicio eran unas cuantas familias las que habitaban este sector, que colinda con la vía Río Frío, parte de San Jorge, y lo que es conocido como Pueblo Viejo; allí habitan alrededor de 100 familias de estratos 1 a 3.

Se respira aire tranquilo. Una que otra casa acompaña el largo camino, grandes árboles en cada lago y un paisaje de toda Zipaquirá que se divisa desde este lugar. Su gente, con un acento llamativo, se engrandece de su cultura. Caballos, vacas, gallinas, perros y gatos se observan en todo el recorrido, y un pequeño tramo del río Susagua que baja por una parte del sector. Desde este lugar se puede visitar el Cerro de las Tres Cruces y Pantano Redondo.

La gente acostumbra jugar tejo los fines de semana y tomarse una cerveza de vez en cuando. Aún con botas, salen a comprar lo que necesitan para la semana, a recoger a sus familiares o a los niños del colegio.

Su espesor verde es el reflejo de la siembra; cultivos de maíz, papa y arveja se extienden por partes del sector.

Los habitantes agricultores sacan sus productos para Corabastos o el día de plaza, en el municipio de Zipaquirá.

El señor José Garay, residente de esta vereda desde hace 74 años, quien además atendió durante mucho tiempo una cancha de tejo, aseguró que inicialmente vivían allí el señor Luis Galeano, la señora Efigenia y Luis Pachón, y que “a medida que pasó el tiempo fueron llegando las familias”.

Además, recordó gratamente que el sector siempre ha sido agricultor: “su vaquita da la leche, la gente dedicada a la siembra, y la señora apoya al hogar”.

Garay afirmó que la ruta que llega hasta el alto fue inaugurada hace aproximadamente 20 años, ya que antiguamente el transporte eran las busetas que iban vía Pacho.

En cuanto a servicios púbicos, la comunidad ha luchado por tener cada uno de estos. “Para la televisión, fue con apoyo de la comunidad y la Junta de Acción Comunal, y llegó al sector hace 8 años”, dijo.

A tener en cuenta

La falta del servicio de gas preocupa mucho a la comunidad, ya que los costos de la pipeta de gas están más caros. Los habitantes hacen un llamado a la Administración a mirar la población y ojalá suministrar este apoyo que es tan necesario.

En el sector hay tres empresas: una de leche, otra de mantequilla y otra de caolín. Estas contribuyen a la generación de empleo.

Al preguntar sobre el sistema de seguridad, el señor Garay respondió: “¡Ay, Dios mío!, poco se ve algún policía en el sector, aunque afortunadamente no es tan peligroso, pero sí deberían estar pendientes”.

En cuanto al tema de salud, los habitantes se dirigen hasta el municipio de Zipaquirá.

El señor Garay asegura que el sistema de salud aún es muy deficiente, y la falta de medicamentos y especialistas significa un gasto en pasajes y viajes largos.

Cuentan con una capilla detrás del salón de la Junta de Acción Comunal que los recibe los domingos para celebrar la Santa misa.

“La vereda siempre es olvidada”

El habitante afirmó que no hay ningún subsidio para el campo, y lo cree necesario, porque a lo único que realmente le suben es a los fertilizantes, abonos, químicos y demás. Comentó que cuando hay producción “toca correr con suerte, que esté a buen precio, porque si no, el único que pierde es el que siembra”.

Un vecino del sector dijo que el pago de la leche es muy barato, y no se tiene en cuenta el gasto en producción, transportes y demás procesos. “A los productores de leche se les está pagando $750 por el litro de leche”, concluyó.

La invitación de los habitantes es a mirar el campo y apoyarlo, ya que desde este proviene todo lo que se come a diario.