EL EMPORIO DE BETANIA

Las “Chivas” históricas

Por: Gerardo Cuervo Z.

Periodista

Fue la milla de oro entre Cajicá y Zipaquirá

Por allá en los años cuarenta, Cajicá empezó a ver unos sobresalientes picos empresariales, los cuales le dieron impulso a un municipio pujante. Todo comenzó en la vía entre Cajicá y Zipaquirá, donde unos decían que el limite estaba en un lado y otros decían que estaba unos cuantos metros más allá. Allí, en esa milla de oro, nació el Emporio de Betania, como fue conocido. Empezó con la afamada Planta de Soda, que inició su construcción en 1938 y fue inaugurada en 1952, luego de los esfuerzos y la organización del Instituto de Fomento Industrial IFI, que fue creado bajo el gobierno de Eduardo Santos para apoyar financieramente la política de sustitución de importaciones, que tuvo auge en ese momento.

Por la misma época aparece la empresa de Doña Blanca de Francisco, Tejidos Santana; que se especializó en ropas de chiquillos y camisetas de uso general, esta marcó la memoria de los cajiqueños, porque compartía parte de esa producción con los niños de los dos pueblos que la rodeaban ‒Cajicá y Zipaquirá‒. Cada 24 de diciembre, Doña Blanca, pasada la misa de Gallo ‒12 de la noche‒ repartía “mecato” a los niños de la zona, que por supuesto todos los años la esperaban con las mismas ansias con las que se esperaba a Papá Noel. La empresa se caracterizaba por contratar a jovencitas de cierta posición social, que no habían podido entrar a la universidad. El predio contaba con una hermosa capilla, donde se oficiaba misa todos los festivos, para que los lugareños no tuvieran que buscar en una parroquia lejana.

Para ese mismo momento, también se inauguró, por allá en 1956, la conocida Tapetes LAV, de Luis Alberto Venegas, una planta que en su esplendor alcanzó a tener más de 300 empleados, que laboraban en tres turnos de ocho horas cada uno. Fue LAV la empresa que entapetó los primeros jets de

Avianca y fue un incansable apoyo para las actividades sociales de Cajicá; en esta empresa se dio la visita del señor presidente de la república, el Doctor Carlos Lleras Restrepo, el 12 de enero de 1969, quien inauguró los juegos Municipales de ese año. Una artesana de la empresa le regaló un sombrero de lona, confeccionado por sus propias manos, para la conocida colección del presidente.

También en esta época de oro empresarial para Cajicá, se inauguraron las empresas Colcarburo y Penwell, la segunda que se inmortalizó con el triunfo del zipaquireño Efraín Forero Triviño en la primera Vuelta a Colombia en enero de 1951, el logo de Penwell resplandecía en la camioneta del servicio mecánico de la carretera que acompañaba al corredor, y que iba dirigida por un personaje que muchos recuerdan en la región: el Rayado.

Para cerrar la “milla de oro” que caracterizó la vía entre Cajicá y Zipaquirá y que fue motivo de discordia por tantos años, estaba la famosa Hacienda El Cortijo, ubicada en la parte occidental de la vía, otro sitio que los habitantes soñaban con visitar en temporada decembrina, ya que siempre se rezaba la novena y luego se repartían refrigerios. Las ceremonias eran encabezadas por su dueña, Doña Luz, y su hija Rosita, quien aún hoy conserva el altruismo inculcado por su madre, ha seguido pendiente del Municipio y ha estado dispuesta siempre a colaborar en labores culturales.

Pero en los años ochenta y noventa la decadencia empezó, la Planta de Soda cerró en 1994, cuando fue comprada en quiebra por Brisna S.A, empresa que produce REFISAL, fue desvalijada por la burocracia rampante y los sindicatos, con sabor a politiquería. Tejidos Santana se vino abajo luego de que un pariente político de doña Blanca hiciera de las suyas. El emporio terminó por trasladarse en los años ochenta al barrio Carvajal de Ciudad Kennedy.

LAV también vio afectado su esplendor en el lapso de estos veinte años, gracias a la apertura económica del presidente Carlos Gaviria en 1990, lo que terminó por convertir la imponente fábrica en Cajicá en una desafiante mole de ladrillo y cemento. Suerte parecida corrió El Cortijo, que hoy en día es un Parque Industrial. Colcarburo y Penwell también cerraron sus puertas, por el año 1995, luego de una quiebra estruendosa en medios de comunicación nacionales y de repartir sus pocos activos entre sus empleados.

La “milla de oro” entre Cajicá y Zipaquirá trajo mucha prosperidad, grandes empresas, grandes familias, que le dieron un empuje y un arranque a esta prospera zona.