Editorial: De los caprichosos e insistentes también es el futuro

Un año que se fue y otro que llega cargado de sueños, metas, ilusiones y propósitos. Con una actitud connatural de la vida espiritual, ponemos estos buenos deseos en manos de Dios, sea cual sea el credo profesado. Este 2016 ha de ser, con el concurso personal y comunitario, un año de fe, esperanza, paz y justicia social. Los nuevos gobernadores, alcaldes y concejales ya ejercen el mandato constitucional que el pueblo les delegó, cifrando en ellos sus ilusiones de un mejor vivir. Si pudiésemos rebobinar la película del año terminado, no sentiríamos ni siquiera el deseo de levantarnos nuevamente. Más, como hombres y mujeres valerosos, altruistas, perseverantes, caprichosos e insistentes, estamos llamados a ser como el caballo, que trabaja fuertemente y se caracteriza por su energía y acción, sin dejar de lado el optimismo. El caballo se vuelve imperativo, salta por encima de los obstáculos, cabalgando por los campos del progreso, el entusiasmo, y la lucha diaria y constante. Establezcamos objetivos a corto, mediano y largo plazo, con un alto sentido de la ética y responsabilidad, teniendo en cuenta la capacidad de gestión y adaptación. Frente a tan amplio panorama, vale la pena preguntarnos cuál es nuestro papel coyuntural, qué podemos hacer para mejorar nuestras condiciones de vida y las de los demás, qué hechos concretos realizaremos para ayudar al desarrollo del lugar donde habitamos en el presente y el futuro. El triunfo o la derrota está en nuestras manos, como el barro amorfo en el torno giratorio. De nuestra destreza de alfareros depende el genio y la figura que le demos a este momento histórico.

 

Echemos las redes al mar; han salido vacías muchas veces. Mañana saldrán repletas de peces.

 

Foto tomada de http://mvd2030.montevideo.gub.uy/

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