Por: Edward Johnn Silva Giraldo. Psicólogo.

El suma qamaña (buen vivir) y sumakkawsay (vivir bien) son expresiones indígenas que promueven la garantía de los derechos de la Pachamama (tierra, en lengua quechua). Estas posturas invitan al reconocimiento de los saberes ancestrales, que conciben la naturaleza como fuente de vida que requiere cuidado. Por tanto, el cuidado de la madre tierra se expresa a través de la convivencia humana, que busca fortalecer el compartir frente a la competencia.

La competencia promueve el lema “vivir mejor que los demás”, que reitera la necesidad de estar pendiente del vecino, no para brindar apoyo, sino para estar por encima de él y superar su capacidad de consumo. En este sentido, el buen vivir y el vivir bien cuestionan el concepto  de bienestar, propuesto por la sociedad de consumo que se limita al acceso y a la acumulación de bienes materiales. En el individualismo impera la cultura del derroche basado en el consumo; del atajo centrado en la inmediatez y de la ley del más fuerte, que legitima sacar al otro del camino.

Los lugares también se han transformado. El parque como  lugar  de encuentro desapareció. Las familias visitan los centros comerciales y las conversaciones se limitan a la tarjeta de crédito, las compras y las deudas. El lema de “buena vida” impone un estilo de vivir de manera egoísta, de apariencia. A dicho estilo de vida se le denomina bienestar, éxito, progreso, desarrollo. Se presiona a las familias a comprar lo innecesario, a adquirir deudas con tarjetas.

El buen vivir y el vivir bien señalan que no se puede vivir bien si los demás viven mal, que lo importante es la vida, y que el objetivo no es aspirar a vivir mejor que los demás. En síntesis, no puede haber crecimiento personal en detrimento de la humanidad y la naturaleza.

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